Se acabaron las vacaciones

Se acabaron las vacaciones

     Se acabaron las vacaciones y nos encontramos ya inmersos en la rutina del colegio y trabajo.  He de decir que me siento algo apenada estos días. Sin embargo, el origen no es la depresión post-vacacional que denominan los especialistas por la inadaptación a la vida activa tras las vacaciones.

     No, no es ese el motivo. En algunos instantes me siento desmoralizada. Intento desviar la atención y no prestarle demasiado tiempo cuando de repente ¡Zas!, otra vez vuelvo a escuchar alguna frase relacionada. Cada año se repite la misma cantinela; las mismas frases dichas una y otra vez durante aproximadamente un par de semanas. Expresiones que desalientan, desmotivan y lo peor de todo, que arrastran a los niños a esos mismos pensamientos presentes y futuros sin que nos demos cuenta.

   ¿A qué me estoy refiriendo? A caras cabizbajas que regresan de vacaciones enunciando: “Nada más llegar lo primero que he hecho ha sido echar la lotería­, a ver si nos toca y podemos despedirnos del trabajo”, “¡qué asco, otra vez de regreso al trabajo!”, “Ahora a pensar en las próximas vacaciones”.  Y no es tanto lo que se dice sino el cómo se dice y la cantidad de veces que lo pronunciamos.  Es fácil saber quien disfruta con su trabajo de quien percibe éste como una losa diaria.

    En fin, estoy segura de que a cada uno de nosotros nos suenan algunas de ellas o similares, ya sea en la boca de otros o en la nuestra propia.

     Nadie duda de que la vacaciones sean un periodo donde disfrutamos, realizamos actividades diferentes al resto del año o estamos más tiempo en familia. Las vacaciones son totalmente necesarias, tanto a nivel fí­sico como mental.

     Me produce tristeza escuchar este tipo de frases porque es un reflejo de que la gente no está satisfecha con sus vidas laborales; me siento impotente sabiendo que muchas de esas personas podrán dar un paso en otra dirección. Pero ni siquiera pretendo con estas líneas caer en la demagogia con un asunto tan delicado como es el trabajo y enfocarme en las opciones de cambiar de rumbo.  No, el objeto de estas lí­neas es que seamos conscientes de nuestras palabras. ¿Cuánto daño nos hacemos a nosotros mismos con frases tan pesimistas y poco alentadoras para nuestro dí­a a dí­a?

     Sin embargo, yendo más allá, lo que más rabia me da (sí­, según voy escribiendo esa tristeza inicial se va transformando en rabia) es la ligereza con las que las pronunciamos, el poco cuidado que tenemos por los más pequeños.  Mi hija mayor ya me ha preguntado estos días: “¿Por qué cuando uno es mayor se queja de su trabajo?”

    ¿Qué le estamos transmitiendo a nuestros hijos? El lenguaje tiene un poder muy importante y elevado sobre nuestro cerebro. En él se van formando creencias y pensamientos en base a nuestras experiencias, opiniones de otros, lo que interpretamos. Es una lástima que vayamos sembrando estos pensamientos porque no motivan, van minando la ilusión, no alientan, no fomentan la creatividad y destruyen la capacidad de saber que uno puede tratar de construir su propia vida y que no estamos dirigidos. Damos a entender que el trabajo es algo negativo.

     Cambiemos nuestra visión, pongámonos otras gafas que nos permitan ver la otra cara de la realidad. Saldremos ganando nosotros en nuestro día a dí­a, pero lo que es mejor, ayudaremos a que nuestros hijos crezcan ya con ese lado más positivo y no con una visión distorsionada de lo que es trabajar. Hay muchísimas personas a quienes nos encanta la tarea que realizamos, quienes desde bien pequeños han sabido su vocación o quienes han luchado más adelante por llevar a cabo otra labor que les satisfag­a más. Así hemos de reflejarlo también a nuestros hijos.

     Hay quien pueda decir que son frases dichas con sentido del humor, con ironí­a, que es lo normal. Da lo mismo: el cerebro no entiende de ironí­a y son los mensajes que nos estamos transmitiendo y los que hacen que nuestro dí­a a dí­a en el trabajo se hagan más pesados. Y por otro lado, un niño hasta los nueve/diez años no entiende tampoco la ironía (lo mismo que tampoco entiende el doble sentido).

    Tengamos la responsabilidad como padres de cuidar nuestro lenguaje, tanto el contenido como las formas. Por supuesto que tenemos el derecho de expresar lo que sentimos, faltaría más; no pretendo caer en el extremismo ni mucho menos.

     Sin embargo, tengamos de vez en cuando la capacidad de percatarnos de si la queja se convierte en nuestro comentario diario y las consecuencias presentes y futuras que tiene para nosotros y nuestro entorno.

 

Sobre la autora

facebook-profile-picture Rosario Cassini
Licenciada en Economía por la UAM. Postgrado en gestión y dirección de Escuelas infantiles por la Universidad de Alfonso X El Sabio. Máster en Coaching e Inteligencia Emocional por la Universidad de Alcalá de Henares. "Recordad que la educación depende de la formación del corazón". Juan Bosco

Comentarios

  1. Carmen - septiembre 15, 2017 a las 16:18

    Me encanta tu post y estoy de acuerdo. En mi opinión esas frases tan típicas, que ahora que reflexiono en ello me doy cuenta que digo más de lo que creía, esas frases nacen de la frustración. Si tienes trabajo malo, te roba mucho tiempo y si no tienes trabajo malo. Nada nos satisface. Estamos continuamente buscando más, y nos frustrados. Deberíamos aprender a ser felices con lo que tenemos y si algo no nos gusta, no nos quejemos, simplemente cambiemoslo. No transmitamos esa frustración, en forma de frases o de hechos, a los niños. Aprendamos primero a ser ‘Yo’ para así poder enseñar a los peque a ser ellos.

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  2. facebook-profile-picture
    Rosario Cassini - septiembre 19, 2017 a las 10:53

    Gracias Carmen.

    Al final lo verdaderamente importante es el primer paso de “darnos cuenta” de esos pequeños gestos y frases que no alientan a nuestros chavales. El “ser conscientes” es el primer impulso para ir cambiado pequeños hábitos. Es necesario tiempo, paciencia y perdonándonos a nosotros mismos cuando nos volvemos a equivocar.

    Me quedo con tu frase “aprendamos primero a ser ‘Yo’ para así poder enseñar a los peque a ser ellos”.

    Un abrazo fuerte.

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