Resiliencia

Resiliencia

Resiliencia… En pocas ocasiones tuve la oportunidad de leer este término en mi adolescencia  y reconozco que no entraba mucho a profundizaba en el mismo. La entendía más o menos en el contexto y me resultaba suficiente. Años después, conozco perfectamente su significado; en primera persona, en experiencia propia. Comprendo que me hubiera resultado muy complicado entenderlo con anterioridad puesto que debe de ir acompañado de la autoestima, esa misma que alguna vez me abandonó y que mucho tiempo después he rescatado.

Tuve la suerte de vivir hace un tiempo una experiencia fascinante, de esas que te llenan de plenitud y euforia. Curiosamente fue ante un suceso que anteriormente hubiese supuesto una mezcla de emociones y sentimientos totalmente contrarios a los que sentí en realidad.

Meses atrás hubiera sentido indignación, vergüenza y abatimiento. No hubiesen sido menos las palabras malsonantes que me hubiera dedicado y los pensamientos sumamente pesimistas que hubiesen venido a visitarme. Lo de menos es describir el contexto, puesto que para cada uno las situaciones adversas pueden variar. Lo importante es la actitud que se tiene ante ellas.  Diré que el origen fue motivado por mí, es decir, un imprevisto que de haber tenido un mayor conocimiento técnico se hubiera evitado. Desde el primer momento detecté que se trataba de una prueba para ver cómo reaccionaba, para comprobar si los meses que llevaba de trabajo habían servido de algo. Así que comencé a actuar como mejor sabía en ese momento y pude comprobar los beneficios de:

  • Relativizar
  • Valorar diferentes soluciones
  • Elegir mi mejor solución
  • Mantenerse serena
  • Extraer lo positivo de la situación
  • Obtener un aprendizaje
  • Transformar en algo maravilloso lo que en un principio no lo parece

Fue en este momento cuando no pude (ni quise) evitar llorar de alegría. La vida me daba una oportunidad para demostrar nuevamente mi valía y esa famosa resiliencia que meses atrás desconocía.  Pude decirle a los nervios, a mi ego y a mi perfección que está vez había ganado yo la batalla. Y he de decir ahora a todos que la Inteligencia Emocional se adquiere y es capaz de generar efectos maravillosos en uno mismo y con los demás.

Sobre la autora

facebook-profile-picture Rosario Cassini
Licenciada en Economía por la UAM. Postgrado en gestión y dirección de Escuelas infantiles por la Universidad de Alfonso X El Sabio. Máster en Coaching e Inteligencia Emocional por la Universidad de Alcalá de Henares. "Recordad que la educación depende de la formación del corazón". Juan Bosco

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