Creo en ti

Creo en ti

No hay duda de que cada uno de nosotros queremos a nuestro hijo. Se lo demostramos cada día de infinitas maneras: abrazándole, acariciándole, diciéndole “te quiero”, compartiendo nuestro tiempo con el/ella, siendo amables y cediendo en determinadas ocasiones…. Si desde luego alguien nos preguntase si queremos a nuestro hijo, diríamos rotundamente que sí, con seguridad.

Ahora quiero plantear otra cuestión que quizás nos haga titubear. ¿Y crees en tu hijo? Aquí habrá ya respuestas para todos los gustos, el abanico se va abriendo.  Tendremos dudas en cuanto al significado de la pregunta, en la forma de manifestarlo… Puedes pensar que quizás dependa de su edad o de las experiencias surgidas. Vayamos por orden.

¿Qué significa creer en nuestro hijo?  Es mirarlo con unos ojos menos críticos. De esta forma seremos capaces de percibir su potencial humano, lo que vale, lo que ES, mucho más allá de las notas que saca o de cuántas veces se ha equivocado en el día de hoy.  Significa creer en todo lo que es capaz de hacer; admirar la cantidad de cosas que va a lograr; intuir en el SER tan maravilloso que se va a convertir.  Es darse cuenta de que ya brilla con luz propia, saber que va a poder enfrentarse y desenvolverse en la vida como él desee. Es confiar en que sus equivocaciones se irán convirtiendo en aprendizajes.

¿Qué paso debo tomar como padre?  En primer lugar, debemos creer en nosotros mismos. Creer en nuestro potencial y en nuestra posibilidad de cambio. ¿Lo hacemos? ¿Creemos que podemos ser mejores? ¿Creemos que podemos cambiar aquello que deseamos? ¿Nos vemos capaces de tomar decisiones e ir en la dirección que queremos?  ¿Qué mensajes nos decimos cuando nos confundimos? En función de las respuestas que demos a estas preguntas seremos más o menos capaces de creer en nuestros hijos, porque si hemos experimentado nosotros esa libertad de elegir, la posibilidad de cambio y disponemos de una actitud positiva frente a la adversidad es cuando comenzaremos a creer en que otros podrán también hacerlo. Será entonces cuando les miraremos con otros ojos.

Sin embargo, lo que ocurre en muchas ocasiones es que no creemos en nosotros. ¿Cuántas veces hemos escuchado la expresión “Yo soy así y no puedo cambiar”?   Son estas palabras las que nos impiden avanzar y conseguir lo que queremos. Estas palabras nos limitan y nos impiden ver más allá de lo que nosotros hemos logrado. Y estas mismas palabras son las que están en nuestro inconsciente, las que nos hacen no creer en nuestros hijos y las que provocan que realizacemos reproches que quedan muy lejos de animarles a conseguir lo que desean o que modifiquen sus conductas.

¿Cómo lo puedo demostrar? El confiar en nuestro hijo no significa dejarlo a la deriva o no ponerle límites; todo lo contrario. Expresa que no debemos desesperar en nuestra labor educativa y tirar la toalla. Dejemos de lado frases, gestos y expresiones de desaprobación que frenan su potencial, sus ganas, su ilusión, su esfuerzo y que además nos alejan de ellos.  Ejemplo de ello puede ser: “Tú para eso no vales, no se te da bien”, “pero qué mal”,” siempre estás igual”, “es que nunca vas a cambiar”, ”eso no puedes”. Estas frases nos hacen perder la esperanza y lo que es peor, hacen que la pierdan ellos mismos y dejen por el camino las ganas de mejorar con tanta desilusión en nuestras palabras y miradas.

Olvidemos las etiquetas a nuestros hijos: “es muy tímido”, “es un mal educado”, etc.  Estas frases no generan cambios, sino que nadie espere otra cosa de ellos.

Reconozcamos su esfuerzo, digámosles “creo en ti”, “sé que en la próxima ocasión serás capaz de hacerlo de otra manera”, “cómo has mejorado”. El creer nos acerca a nuestro hijo, nos une, genera confianza. Es una buena demostración de amor, quizás la mejor.

Sobre la autora

facebook-profile-picture Rosario Cassini
Licenciada en Economía por la UAM. Postgrado en gestión y dirección de Escuelas infantiles por la Universidad de Alfonso X El Sabio. Máster en Coaching e Inteligencia Emocional por la Universidad de Alcalá de Henares. "Recordad que la educación depende de la formación del corazón". Juan Bosco

Comentarios

  1. Beatriz - mayo 13, 2016 a las 00:31

    Me encanta pensar que algún día seremos capaces de poner la importancia en el ser en vez de en el tener.
    Y siempre mirar a nuestros hijos como personas independientes y soberanas, cuyo valor no está en ser los mejores estudiantes o en ser dóciles, sino en desarrollarse como personas con valores.
    Mis hijos ya son mayores y estoy orgullosa de ellos porque son personas íntegras, honestas y generosas. Confiar en ellos (de pequeños y de mayores) nos enseña mucho sobre el verdadero amor que siempre, siempre, es generoso.

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